walk your way
"Out of the corner of my eye... was that you, passing me by?"

Tres horas por delante para reconciliarnos con esa normalidad poco corriente que un día hicimos nuestra. Una clase opcional a veces guarda en ella amigos obligatorios. Antes, a veces nos encontrábamos como una moneda tirada en la calle que descubre un niño, que así ya es feliz para el resto del día. Quizá esta vez alguien perdió un billete y entre los dos nos lo repartimos... Si a las dos horas hacemos inventario de las sonrisas gastadas seguro que ya no quedaban más del presupuesto. Pero siempre guardo alguna por si acaso. Sabía como hacer que funcionara aunque luego no nos dejaramos. Hay trucos que nunca fallan para robarte una sonrisa traviesa, un empujón inocente, una palmada en la espalda o una de tus miradas inquietas.
¿Hemos vuelto a ser los mismos o es tan sólo que ya casi no te echo en falta? No puedo evitar alegrarme de que volvamos a reírnos juntos un buen rato. Tú tienes el vaso medio lleno y a mí sigue tocándome el vacío... a pesar de todo, me alegro de que ya tengas a alguien, que te vaya bien. Incluso sin saber si alguna vez pensaste en lo que me dolían algunas cosas.
La clase acaba, y quizá ni siquiera hace falta que nos despidamos. Es el hasta luego rutinario de quien sabe que volveremos a vernos tarde o temprano sin pensar que no puede ser de otro modo. Que en el fondo tal vez seamos más de lo que creemos sin decirlo. Amistades rutinarias. Bonita definición para una realidad que nunca he comprendido del todo pero que ya empiezo a asimilar...
Y de vuelta a casa, me encuentro con una bolsa de chucherías en el bolsillo. Últimos restos de las compradas con ella en el kiosco para rellenar minutos en el descanso. Aún quedaban dos golosinas, y se entremezclaban sus sabores. El paladar apenas distinguía entre salado y dulce. Pudimos ser, en algún momento. Quién sabe... incompatibles pero acostumbrados. Supongo que todo es mejor así.
En el fondo, ni en los mejores sueños llegue nunca a imaginarnos cogidos de la mano...